Autora del texto: Gad-veda Galilea Flores de la Torre
El texto tiene como objetivo analizar la comprensión de la imagen en el marco de la modernidad capitalista, abordando tanto sus usos como su papel en la construcción del conocimiento. Esto incluye herramientas como la fotografía, las cuales han validado y legitimado narrativas hegemónicas —de corte predominantemente occidental—, consolidando a la imagen como una construcción verídica e irrefutable a partir de un régimen visual.
El ver en occidente “la cosmovisión”
La dimensión analítica que Occidente utiliza en la modernidad capitalista[1] para comprender(se) en el mundo se articula a partir de la sensorialidad corporal. Sin embargo, la cultura occidental ha privilegiado y dotado de un simbolismo particular a ciertos sentidos específicos en su construcción de la realidad. Entre ellos, la vista, palabra derivada del latín videre, que surge de la interpretación del indoeuropeo de la palabra veda que se interpreta como “sé” de saber (Le Bretón, 2007, p.53), parte de un régimen sensorial que sería una palpación mediante la mirada, reiterando que el ojo no es la mirada (Amount, 1992). La mirada implica la construcción intencional de la clasificación del mundo a partir de una interpretación plana y tridimensional en la que la atención se vuelve central y periférica.
En este caso, la mirada implica un proyecto de búsqueda intencionado con un objetivo en específico (Amount, 1992). Esto quiere decir que la mirada como una evaluación de lo posible que apela al movimiento y en particular al tacto (Le Bretón, 2007, p.55) la cual ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo del pensamiento moderno occidental. Este régimen de lo visual no solo constituye a Occidente como una entidad cultural, sino también en la manera en que este se comprende e interpreta a sí mismo a través de la mirada, generando simbólicamente una relación de distancia entre el hombre y el mundo, como un poder susceptible de reducir el mundo a su merced (Le Bretón, 2007, p.56). Jugando un papel en la construcción de lo que se denomina colonialidad visual como un despliegue de poder epistemológico, del poder, del ser y del saber sobre la relación del sujeto y del otro (Barrientos, 2011, p.15).
Como señala Oyèrónkẹ́ Oyěwùmí, (1997), esto se evidencia en la construcción de los cuerpos dentro de los imaginarios colectivos, donde la narrativa visual opera como herramienta para establecer esquemas de verdades hegemónicas o como el “Weltanschauung” donde se realiza un campo semántico interrelacionado con nociones que aluden a la construcción de conocimiento (Choque, 2024, p.226). Occidente se posiciona como eje en la construcción de su margen epistemológico, basado en la preponderancia de lo visual para concebir la realidad y el conocimiento (Oyěwùmí, 1997, p. 58). No es casualidad que en el lenguaje cotidiano surjan términos como “cosmovisión”, “visión del mundo”, expresiones que sintetizan la lógica cultural occidental(Oyěwùmí, 1997, p. 39). Esta perspectiva, además, se traduce en un ejercicio de poder capaz de reducir el mundo a su merced (Le Breton, 2007, p. 56).

(Autoria propia, Insurgentes, CDMX, @tierraytinta)
Esto permite comprender que, si la visión y la mirada son elementos centrales en la construcción del conocimiento durante la modernidad occidental, la imagen adquiere un rol determinante en la configuración de nociones epistemológicas, ontológicas y axiológicas.
Construcción del conocimiento a partir de la imagen en la modernidad
La mirada como dimensión analítica concierne a la modernidad occidental y a los elementos económicos, políticos y sociales que brindaron las condiciones subjetivas y materiales para que se consolidara como régimen sensorial prioritario/preponderante en la construcción del conocimiento, dando lugar a un extenso vocabulario visual coloquial que ordena las modalidades del pensamiento, por ejemplo: “Hay que ver para creer”, “Lo creeré cuando lo haya visto”, “Ver para creer”. Esto sintetiza el pensamiento occidental, dando lugar a que lo que salta a la vista es lo evidente y es irrefutable (Le Bretón, 2007, p.53). Sin embargo, la construcción de conocimiento está íntimamente ligada con una producción material de instrumentos que fundamentan y sustentan los paradigmas de conocimiento, dando pie a la construcción de tecnologías adheridas a esta dimensión analítica visual.
La relevancia de las tecnologías en la construcción de la realidad se manifiesta a través de herramientas y avances que transforman la percepción y las formas de entender la realidad, sin embargo, se moldean, sustentan y fundamentan a partir de un respaldo social, político y económico. Esto quiere decir que todas las tecnologías son parte de procesos heterogéneos, de artefactos y decisiones, conocimientos y valores, productos y acumulación, prácticas y controles, sistemas y poder (Garrido, Hernán, Lucas, 2018).
En este sentido, la generación de tecnología que permite sustentar y validar al conocimiento científico/empírico no es neutra. La validación o legitimación en la construcción de herramientas que está atravesada por valores sociales, políticos y económicos que derivan de proceso histórico que respaldan su construcción y privilegian rasgos culturales, en este caso, occidentales, o en otras palabras, toda tecnología es política.
Un ejemplo significativo es la imprenta, pues, la difusión masiva de obras escritas durante la segunda mitad del siglo XV revolucionó el acceso al conocimiento, democratizando la información y sentando las bases de la modernidad cultural. Por otro lado, destaca el desarrollo de la anatomía en la medicina, pues, mediante la disección de cuerpos y el análisis comparativo de patologías, permitió avances fundamentales en la comprensión del cuerpo humano. A la vez, la consolidación de una tradición científica positivista y empirista durante los siglos posteriores priorizó la observación rigurosa y la experimentación como métodos fiables para interpretar el mundo. Esta corriente se apoyó en instrumentos como microscopios, telescopios y lupas, ampliando los límites de lo perceptible y redefiniendo las nociones de verdad y realidad a partir de la consolidación de un régimen visual dentro de la modernidad (Martíns, M., 2022, p. 30).
Este paradigma, caracterizado por la preponderancia de lo visual, se consolida definitivamente con la aparición de la fotografía. El fenómeno de la fotografía no solo reforzó la lógica cultural occidental, sino que marcó un punto de inflexión en la concepción de la historia (Barthes, en Mier, 1995). La fotografía transformó radicalmente la conciencia identitaria al construir un reflejo fotográfico del yo, lo que cuestionó fundamentos ontológicos como la ausencia corporal y la temporalidad futura de la existencia, profundizando en los matices de la memoria. La imagen, así, quedó confinada a los límites de la subjetividad, operando como un espejo fragmentado del ser (Mier, R., 1995, pp. 82-85).

(Tina Modotti, INBAL)
En este marco, la imagen, y en especial la fotografía y su interpretación, se integraron en la construcción del conocimiento a través del imaginario colectivo. Al ser percibidas como reproducciones objetivas de la realidad, las representaciones visuales se instrumentalizaron para legitimar narrativas hegemónicas, convirtiéndose en dispositivos de poder capaces de moldear verdades sociales e inferir en verdades, sin embargo, también han sugerido una transformación en la percepción e interpretación del ser.
La fotografía y la sociología
Con el paso del auge tecnológico, la fotografía, adquiere una multiplicidad de usos, se usa para documentar o capturar la realidad en todos sus ámbitos de una forma “más accesible”. Tanto los autorretratos, como las fotografías de familiares, seres queridos, ceremonias, guerra, procesos sociopolíticos, territorios, descubrimientos científicos y muchos más, pudieron ser congelados en el tiempo. La fotografía se asocia con la capacidad de eternizar los momentos culminantes de la vida y empieza ser parte de un ritual que tiene por objetivo consagrar las memorias (Bourdieu, p.52). En este sentido, la fotografía brinda representaciones y reconocimientos, generando una función social: recordar, esto quiere decir, que otorga el testimonio de la presencia.
Cuando la fotografía se integra como una función social, también se adoptan una serie de comportamientos o conductas frente a la cámara a partir de la forma en la que uno quiere congelar/ser congelado en el tiempo, esto es una manera de imponer las reglas de la propia percepción, o en palabras de Bourdieu:
Donde las reglas sociales de conducta y el código moral son más manifiestos que los sentimientos, las voluntades o los pensamientos de los sujetos singulares, donde los intercambios sociales, estrictamente reglados por convenciones consagradas, se cumplen en la obsesión del juicio de los otros, bajo la mirada de la opinión pronta a condenar, en nombre de normas indiscutibles e indiscutidas, y están siempre dominados por la preocupación de dar de sí la mejor imagen, la más conforme al ideal de dignidad y de honor (Bourdieu, p.62)
Y a pesar de ello, aunque toda imagen incorpora un modo de ver, la percepción o apreciación de una imagen también depende del propio modo de ver (Berger, 2016, p.10). La interpretación que se realiza de la imagen es también es una posición situada, depende del contexto geográfico, de clase, de género, de racialización, etc. Por lo que el registro de la fotografía paso a ser una perspectiva de como el sujeto que fotografía percibe u observa al sujeto/objeto fotografiado.

(Vivian Maier, 1956, Nueva York)
A la vez que esto cuestiona la verdad dogmática que se ha posado sobre la fotografía, surge también un sustancioso testimonio visual, encontrándose con la ruptura del supuesto “el mundo tal como es” emerge el “el mundo desde donde se mira”.
Conclusiones
La imagen ha jugado un papel sustancial en la construcción de cómo se conoce y la manera en la que la se hace conocimiento. Al situar esto, tal vez sea posible comprender(se) y las formas en las que el mundo es moldeado hoy en día, y a partir de qué esquemas. La fotografía ha albergado innumerables formas de reconocimiento de lo propio y lo externo, y cada vez son más las fotografías e imagen que día con día adquieren un papel cotidiano y elemental para pensar el mundo que nos rodea.
Sin embargo, este es un esbozo sumamente breve de las formas en las que la imagen incide en el imaginario colectivo, una profundización implicaría un trabajo sumamente extenso que albergue la forma en la que hoy en día todo el sustento ontológico, epistemológico y axiológico ha utilizado la imagen como un recurso que legitima narrativas.
Fuentes
Aumont, J. (1992). La imagen. Barcelona: Ediciones Paidós
Barthes, R., (1980), L chambre claire, París, Galimard-Cahiers du Cinéma-Seuil
Berger, J., et al. (2000). Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gili
Bourdieu, P. (2010). El sentido social del gusto. Elementos para una sociología de la cultura. Buenos Aires: Siglo XXI,
Choque, (2021),Nietzsche y la “visión del mundo” (Weltanschauung) en El nacimiento de la Tragedia, Eikasia. Revista de Filosofía
Garrido, S. M., Thomas, H. E., & Becerra, L. D. (2018). Tecnología, ideología y hegemonía: Repensando los procesos de resistencia socio-técnica. Ciencia, docencia y tecnología, (56), 186-207.
Le Breton, D. (2007). El sabor del mundo. Una antropología de los sentidos. Buenos Aires: Nueva Visión, pp. 51-91
Martins, M. E. (2022), CAPÍTULO II MUSEOS E INCLUSIÓN: POTENCIA DE LA PLURISENSORIALIDAD. Aldo Ocampo González (Comp.).Centro de Estudios Latinoamericanos de Educación Inclusiva | CELEI | Chile
Mier, R. (1995). El retrato y la metamorfosis de la memoria. La transformación de la historia en el origen de la fotografía. En Historia y Grafía, vol., 4, pp. 81-109.
Oyewùmí, O. (2017). La invención de las mujeres. Una perspectiva africana sobre los discursos occidentales del género. Bogotá, Colombia. Editorial en la frontera.
Notas
[1] Para ello, se utilizará la definición de modernidad de Bolívar Echeverría como: el conjunto de comportamientos que aparecen desde hace ya varios siglos por todas partes en la vida social y que el entendimiento común reconoce como discontinuos e incluso contrapuestos, vinculando las ideas de “el desencantamiento” de Max Weber, la “muerte de dios” y la “desdeificación” de Heidegger, siendo una sustitución en la fuente del saber humano. […] Siendo el principio estructurador de la modernidad una modalidad civilizatoria que domina sobre otros principios estructuradores modernos y pre-modernos (Echeverría, pp.14-17).